No Soy Mi TCA

Por: Almendra Drago

Trigger Warning: contenido sobre trastornos alimenticios (Trastorno de Conducta Alimenticia)

Por mucho tiempo estuve debatiendo si hacer esto o no, si escribir sobre mi experiencia y dejar en público algo de lo que por mucho tiempo me costó hablar. Me solía aterrorizar el hecho de que me vean diferente. No quería que me vean como mi TCA, porque no soy mi TCA; nunca lo fui y nunca lo seré. Me costó darme cuenta de eso, de que soy mucho más de lo que controlaba mi vida, de lo que me atormentaba constantemente, de lo que no me dejaba vivir y disfrutar de las experiencias y situaciones que me rodeaban. Quiero crear conciencia sobre los trastornos alimenticios, y sobre muchas conductas que están tan normalizadas que puedes no darte cuenta del daño que te estás haciendo, no tú, sino tu TCA. 

Me gustaría decir que me acuerdo del momento exacto en el que comencé a escuchar esa vocecita en mi cabeza, esa vocecita que me hacía sentir insuficiente, que quería encajar con los estándares de belleza, que llevo conmigo en las noches que paso llorando y preguntándome; “¿Por qué soy así? ¿Por qué me hago esto?”. Era un sentimiento complejo porque por momentos era consciente de lo que estaba pasando, de lo que me estaba haciendo, pero era como si yo no controlara mis acciones y lo que hacía. 

Las mentiras salían de mi boca automáticamente; “¿Ya comiste?” “Sí.” “¿Té gusto el almuerzo?” “Sí, gracias, estuvo muy rico.” Nunca creí que haría las cosas que hice, llegar a las medidas que llegué para evitar comerme un pan el día de mi cumpleaños, un pedazo de torta en el santo de mi abuela, o una bola de helado con mi tía. Me sigue doliendo pensar en todas las experiencias que perdí, en todos los momentos que no pude disfrutar, por miedo a consumir algo que necesitaba para vivir. 

Hablar de los TCA es complicado. A pesar de las buenas intenciones que puedas tener al hacerlo, puede ser “triggering”, desencadenar a muchas comparaciones y empeorar la situación de la persona con la que hablas. Yo solía ver publicaciones y videos que se suponían que me debían hacer entrar en conciencia, pero lo único que hicieron es que me haga más daño. Apenas veía un número o una foto me comparaba automáticamente, era casi como si fuera una competencia, “De repente no estoy tan mal como pienso, quizás podría estar peor” me decía a mi misma, sabiendo que en el fondo, estaba deteriorando mi cuerpo poco a poco. Se me fue la regla, se me caía el pelo, mis uñas siempre estaban moradas, la piel la tenía seca, no podía dormir, sentía que mi corazón latía cada vez más lento, y aún así me trataba de convencer que estaba bien. Apenas mis síntomas empeoraron, mi familia se comenzó a dar cuenta. Me da lastima que haya tenido que estar así de mal físicamente para que comiencen a creer que tengo un problema. A la misma vez me culpo porque nunca hablé, nunca dije lo que pensaba lo que sentía, o el miedo que me daba comer. Nunca pedí ayuda. 

A pesar de eso, me sigue afectando pensar en el dolor que le causé a toda mi familia, a mis amigas, a mis relaciones cercanas; me distancié de todo y todos. Perdí muchas amistades. Estaba tan fijada en mi TCA, que paré de tener contacto con los demás. Prefería no salir con mis amigas porque no sabía si esto involucraría comer y prefería evitarlo. Dejé de ir a reuniones y lonches familiares por miedo a lo que habría de comer y también por cómo me verían. Perdí tantos recuerdos y desperdicié tantos momentos, que nunca podré recuperar. 

Algo que quiero dejar en claro, es que no hay un “tipo de cuerpo” para la anorexia, o los TCA. Hay este estereotipo de cómo se ven las personas con anorexia, pero esta enfermedad es mucho más que algo físico. No tienes que verte de cierta forma para tener un trastorno alimenticio y porque no “encajes” con el estereotipo, no te hace ni a ti, ni a tu trastorno alimenticio menos válido. TODAS las personas sufriendo de un desorden alimenticio, independientemente de cómo se vean físicamente, merecen ser escuchadas, y apoyadas, porque estas enfermedades son mucho más que la manera en que te afectan físicamente. Cuando hablamos de salud en relación con los desórdenes alimenticios, todos piensan automáticamente en salud física, pero se olvidan de la salud mental. Al final un TCA es una enfermedad mental, que sí, puede afectarnos físicamente, pero esos no son todos los casos. Uno de los puntos más bajos de mi TCA fue cuando estaba sana físicamente. Me había recuperado, pero en mi cabeza era otro cuento. El estrés, la ansiedad y el miedo que sentía antes de ir a una comida o salir a comer era un desgaste emocional; no podía. Llegué a pensar que no me merecía y que no necesitaba lo que estaba comiendo porque ya estaba “sana”, pero estar sana no es llorar antes y después de una comida, restringirte para después tener un atracón, no querer comer algo que no sabes cómo está preparado,  o privarte y convencerte de que no te gusta una comida cuando en realidad te encanta. La comida no tiene que ganarse o merecerse, muchas veces repetí las frases: “como hice deporte me merezco comer esto”, “no he hecho deporte entonces no voy a comer tanto.” Pero, ¿desde cuándo tienes que “ganar” algo que necesitas para sobrevivir? “Food is fuel” es probablemente una de mis frases favoritas, porque el que no hayas hecho deporte no significa que mereces comer menos o que no puedes comerte ese pedazo de torta. Hagas lo que hagas, SIEMPRE mereces comer; siempre eres digno de alimentarte. Nuestros cuerpos necesitan energía constantemente: para respirar, para movernos, para VIVIR. En 50 años, no recordarás si te comiste ese pedazo de pizza o esa galleta, recordarás el momento que vino con ella. El recuerdo es lo que vas a apreciar, no lo que comiste. 

Siendo sincera, fui miserable por mucho tiempo. Suena terrible, pero es la verdad y pensé que no iba a lograr salir de donde me encontraba. Un año después, me enorgullece decir que logré salir de donde estuve. Si hay algo que aprendí, en especial sobre mi recuperación, es que no es lineal. Van a haber muchos altos y bajos, unos bajos más bajos que otros, y unos altos un poco engañosos, pero si es posible mejorar, si es posible seguir adelante. Me rehúso a dejar que mi TCA controle mi vida. Me rehúso a vivir una vida que no puedo disfrutar. No es fácil pedir ayuda, en especial porque nos convencemos de que estamos bien y de qué estamos haciendo lo mejor para nosotros mismos. No es fácil reconocerlo, pero tampoco es fácil vivir con una voz que te atormenta. La vida es muy corta, y nada se compara a ese sentimiento de poder y libertad, en el que esa voz ya no te controla. 

Me molesta cómo se están normalizando tanto las conductas alimentarias insanas. No es normal que no hayas comido nada en todo el día y solo hayas tomado un café. Estos tipos de comentarios son dañinos, no solo a la persona que los hace, sino también a las personas alrededor. Si estás o has sufrido de un TCA, eres mucho más que eso. No eres tu TCA y tampoco dejes que tu TCA sea tú. No elegiste tenerlo, y mucho menos es algo que te mereces. Busca ayuda; no te hace débil pedirla, más bien te hace fuerte el querer mejorar. Siempre voy a recomendar que acudan a un profesional por ayuda, pero si eso está fuera de tu zona de confort, un amigo cercano también te puede escuchar y ayudar. Hagas lo que hagas, acude a alguien. No tienes que pasar por esa batalla sol@, porque no lo estás.

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