Música del Perú para el mundo

Situémonos en aquel país que recoge siglos de tradición provincial y urbana. Aunque aún no hayan transcurrido 200 años desde la declaración de independencia, la cultura peruana se ha enriquecido en base a una historia diversa. Vayamos a la Lima virreinal, o a la sierra andina y escucharemos los valses, huaynos, y  la música negroide, que por más que hayan sido compuestos en el siglo XX, recogen el sentimiento peruano, producto de un sinfín de mestizajes que me traen a contarles las 4 canciones con las que me gusta celebrar las fiestas patrias desde que las conocí durante la escuela primaria.

  1. Valicha

En esta clásica canción, ¿quién no disfruta cantar sus partes en castellano y quechua La composición similar  a un huayno no es nada menos que una hermosa flor de la sierra cantada por jilgueros andinos. Es producto de un amor contemplativo de Miguel Ángel Hurtado hacia Valeriana Huilca Condori, su Valicha,  su pupila quechuahablante de 18 años de quien se enamoró con fervor en la provincia de Acopia en Cusco. Aunque este amor haya sido prohibido por la familia de la campesina, la desolación de Miguel Ángel al saber que Valicha se iría de la provincia lo llevó a componer el próximo himno Cusqueño en 1945. Han habido recientes controversias con su traducción al castellano, en la cual el cambio de idioma permitió el desvelo de frases machistas y discriminatorias. ¿Será que el significado de las palabras sea capaz de derrotar a nuestro amor por la armonía musical? 

  1. Callejón de un solo caño 

No hay manera que la línea del “en pleno jaranear” no haya sido capaz de empujar a toda la audiencia fuera del asiento para ponerse a frotar y golpear el piso con un criollismo en su apogeo. Nada menos que compuesto por el galardonado músico peruano Nicomedes Santa Cruz y su hermana VIctoria en 1959, esta obra maestra revive el folclor criollo con la esencia afro-peruana cada vez que es escuchada, en especial cuando se escucha la voz de Juanita Núñez como es en la versión original. Al adentrarse uno al texto, es posible encuadrarse en un callejón nacido en la colonia: un estrecho terreno, largo, con numerosas habitaciones que en un inicio fueron habitadas mayormente por esclavos traídos desde África. Con un espacio estrecho bajo techo, es de esperarse que la vida social se haya llevado a cabo en el pasaje principal del callejón, alrededor del caño. El nombre Jaranas se le atribuye a las celebraciones que duran un mínimo de 3 días, en donde se celebra todo aquello que le dé felicidad a los residentes. En la penuria arquitectónica se desarrolla el nacimiento de la cultura criolla con la guitarra, el cajón, la marinera y los bailes negroides. Lo mejor será no llamar al gasfitero. ¡Que nuestras calles se queden con un solo caño!

  1. Viva el Perú y sereno

Cada día, es menos común escuchar en la ciudad a la lechera a las 6, a la tisanera a las 7, o a la chicha a las 11. Con un esfuerzo mayor, puedo siquiera escuchar al herrero que pasa de vez en cuando con su trompetita por los distritos en la periferia del centro. Pero las historias de Lima de antaño sí expresan verdades que se conservaron en aquella imagen en tonos sepia del centro de Lima colonial, con sus balcones en madera para dar una mirada a las tapadas en saya y manto. Alicia Maguiña, la compositora limeña con alma provinciana, le cuenta al Comercio: “Yo tengo un compromiso con mi país, y lo he cumplido a cabalidad. Yo he cantado para el pueblo…”

  1. El Condor pasa

Desde su composición en 1913 por Daniel Alomía Robles, esta zarzuela ha alcanzado más de 4,000 versiones a nivel global. Se basa en la tragedia de la explotación indígena que se dio a cabo en las minas de Yapaq en Cerro de Pasco. El Cóndor, animal majestuoso y mitológico, ha sido considerado por la cultura andina como el representante en vida de la tierra de arriba o Jananpacha y es símbolo de libertad. Con una melodía originalmente producida por zampoñas y quenas, es inevitable sentirse parte de las alturas y compartir corazón con un pueblo hermano. 

El deber que uno tiene de preservar el Folclor nacional es grande, pero, ¿por qué no cargar un deber tan hermoso? Siempre voy a recordar la plenitud que me trae el cantar o escuchar estas canciones sin letra a la mano, a todo volumen, siendo época de Fiestas Patrias, o un día sin motivo específico, porque todos los días uno puede celebrar el lugar al que considera su hogar. Extiendan sus alas como el cóndor y déjense llevar por esa música que nos une, ascendiendo hasta la deseada libertad de todos los pueblos. “¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!”

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