Incomprendida, la belleza

En la vida aprendemos las victorias e historia de los imperios, los nombres de los grandes, las caras de los hermosos y hermosas. Vivimos en un mundo que amenaza con darnos la libertad del pensamiento, sin embargo no llega a ser verdadero. 

El mundo, más bien dicho la sociedad y sus ideas, logra quitarnos esta libertad innata con la que nacimos. Años después recién vemos la absurdidad, que fue que nunca fuimos sujetos a nuestra propia imaginación. Esto se ve en la manera en que somos recibidos a este planeta de forma tan inusual; desde el momento en que a un recién nacido se le envuelve en una manta azulina o palo rosa, pierde su ingenuidad. Es poco lo que puede hacer un bebé para evitar ser arropado y clasificado en una construcción de la sociedad cuando todavía ni ha tenido la oportunidad de observar el mundo con sus propios ojos curiosos. 

Es en ese preciso momento que las diferencias entre las mujeres y los hombres se forman, la idea de que por ser mujer uno debe ser femenina y por ser hombre hay que ser masculino, cuando esas son palabras vacías que no hacen más que crear un ideal imaginario que es ya irrelevante. 

Ese es sólo el comienzo. Inconscientemente gracias a nuestra amoldabilidad recogemos como hormigas granates las migajas de la sociedad en la que vivimos, sean estas motivos para sonreír o entrar en llanto. A fin de cuentas necesitamos sentirnos parte de algo mayor y nadie quiere ser alienado de las personas que viven a su par o en la cima. 

Y así, dependiendo en donde naces, comienzas a conocer los ideales de belleza, donde en muchos casos invocan seres refinados, elongados como espárragos, de pieles tan puras como el marfil, cabellos lacios y que reflejan amberes la luz del sol. Viendo esta imagen en todo rincón. Sin manera de escabullirse de esta propaganda engañosa y sobretodo cruel, nuestros ojos eventualmente se acostumbran a la simetría de esos rostros. Entonces, hay dos posibles escenarios: primero puede que desarrolles una insatisfacción contigo mismo, y segundo, incluso peor, que estas tonterías hayan llegado a quitarte la imparcialidad con la que ves el mundo y sobretodo la belleza.

Los seres humanos siempre tendrán una inclinación hacia la “belleza” y sin siquiera saberlo le darán un peso descomunal que afectará el valor que le dan a los demás. Y el problema con la “belleza” es que ha sido distorsionada por los siglos y los siglos, y una palabra tan hermosa, amplia y subjetiva, que se suponía nos iba a proteger a todos, terminó siendo el motivo de la discriminación de muchos. 

Lima ha sido acusada de ser clasista y racista desde los inicios de la colonia y al ponerse uno a analizarlo no es difícil ver el porqué. Perú fue durante siglos un país reinado por una minoría tan pequeña que la podríamos contar con los dedos de nuestras manos, personas que mínimamente debían presentar los ideales europeos. La imagen de belleza fue esa de las damas y caballeros europeos, con vestimenta elegante y secular, ignorando las características igual de especiales y únicas que hacían de nuestro país el tesoro que es. 

Ese estándar de belleza fue presentado en las publicaciones, revistas, pósteres, certámenes de belleza, matrimonios. El país aprendió una definición incompleta de algo tan valioso como la belleza. 

Y la belleza no es un tema trivial ni superficial. La belleza se ha valorado por los años que tenemos los humanos, porque es un sentimiento de placer que hace a las cosas notables por su hermosura. ¿ Pero cuál es esta ininteligible importancia? La belleza no solo altera como percibimos a los demás y a nosotros mismos. ¿Qué pasa cuando constantemente te dicen que tú o alguien más no es digno de ser notable?, pero que alguien más sí es digno de una adoración y respeto inevitable de manera ciega. 

Ese es el problema cuando personas que no se identifican con un país, o con sus personas, o carecen de entendimiento y empatía por sus compatriotas deciden dirigir un país. Por años hubo un trato diferente y perjudicial con las personas que no pertenecían a una minoría casi inexistente. Así la discriminación se asentó y llevó al deterioro de la moral y la ética. Llevó a la marginalización de muchos y la satisfacción de pocos. 

Inconscientemente, en lo más profundo de nuestro cerebro hemos aprendido a quiénes valora la sociedad y a quiénes no, por más ridículo que suene ¿Acaso no éramos libres de formular nuestras propias ideas y vidas? Temo que no eres libre de que tu mente sea inalterada por lo que te rodea, y es abrumador. Por eso debemos aprender a ver todo con un ojo crítico y empático. Veamos y sintamos con nuestros corazones, protegiendo con nuestros valores a nuestros compatriotas.

Con los años ha habido cambio y crecimiento, personas que vieron las injusticias y decidieron ver más allá de los filtros brillantes. Y por eso estamos aquí hoy, pidiendo igualdad,  tratando de crecer y mejorar cada día un poco más. Reflexionando en torno a nuestra sociedad y lo que implica la igualdad, llegaremos eventualmente a un tiempo en el que todos se observen con orgullo y se miren a los ojos como hermanos.  

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