Querida anorexia

*fuerte reflexión sobre desordenes alimenticios*

Querida Anorexia:

Es extraño dirigirme en términos tan formales, después de todo, somos viejas amigas.  Has estado ahí para mí cuando nadie más lo ha hecho, me has hecho esforzarme por la perfección y me has llenado de un sentido de propósito.  Gracias a ti, pude sobrellevar cuando la confusión se volvió demasiado, aumentando la emoción y el rechazo con tu atenta orientación.  Sólo que… no te detuviste ahí.  Tu agarre se estrechó, mi vista se estrechó.  Te convertiste en mi dictadora en lugar de mi amiga, dominando cada aspecto de mi vida.  Durante tres años, he estado enganchada en este ciclo estancada de mentiras. Una existencia huesuda y despojada, atrapada en tu agarre y con el cerebro lavado en tu retorcida forma de pensar.  Me hiciste mentir a la gente que amo, aislarme hasta que mis amigas se alejaron, dejándome sóla contigo para que me consolaras.  Me despojaste de toda la autoestima, confianza, ambición y perspectiva.  Convertiste mis sueños en fantasías salvajes y arruinaste un sinfín de oportunidades.

 Me hiciste creer que era especial.  Palabras convincentes, alentadoras nociones de restricción y sofisticación… pero no hay nada superior al dolor.  El dolor agonizante del hambre que te atraviesa por la noche, las cuencas de los ojos huecas y la cabeza palpitante – todos prototipos del mismo juego enfermizo.  Me dejaste ciega,

desensibilizada, débil.  Ni siquiera la muerte me llenó de miedo, lo vi como una extraña sensación de logro.  No, no quería morir, pero tú me hiciste no querer vivir.

Tres años vacíos.  Días insípidos que se colaron entre sí, robados de una adolescencia.  Me perdí las fiestas, los arrepentimientos de la mañana siguiente, las vacaciones de las chicas, los dramas de ruptura.  Nada de eso se registró como importante cuando lo único que importaba era ver el número gotear cada vez más bajo mientras engañaba a todos a mi alrededor.  Me llevaste al hospital, me hiciste pasar el mejor verano de mi vida llorando en los pasillos.  Conocí a otros fantasmas torturados que se escabullen a través de los días con la mirada anunciada, anhelando los mismos cráneos hundidos y la piel limpia de porcelana.  Me hicieron mentir para salir, me engañaron para que pensara que no estaba lo suficientemente enferma, que no merecía ayuda.

Pero ahora veo la cruda realidad, la verdad de la que me protegiste durante tanto tiempo.  No hay un objetivo final, no hay una promesa dorada.  Nunca me harás feliz.  Mientras siga atrapado en tus retorcidas garras, no puedo vivir la vida que tan desesperadamente quiero vivir.  Me niego a dejar que me quites más años.  Ya no te dejaré dictar a dónde voy, a quién veo, qué hago y qué como.  Soy más que tú. 

Quiero vivir en la zona gris.  Después de años de estar entre el blanco y el negro, de hambre y depresión, de subidas extremas y bajadas insoportables, quiero asentarme en la zona intermedia.  Quiero llorar y reír en el mismo aliento, comer fruta y papas fritas en el mismo día, ir a la cama a las 4 de la mañana pero aún así levantarme temprano y desayunar.  Quiero una vida sin ti en ella.  Así que tú anorexia, puedes tomar tus reglas retorcidas, tus demandas patéticas, tus mentiras torcidas – ya no eres bienvenida.  Es hora de intentar algo diferente.  Es hora de encontrarme a mí misma de nuevo.

Por fin te gané.

Hasta la vista,

D

One thought on “Querida anorexia

  1. Muy buena la forma en la que decidiste escribir esto… me alegro que hayas podido despedirte de tan mala conpañia toda persona capaz de superar esto es una persona increiblemente fuerte un abrazo !

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s