Crisis mode: ON

La crisis mental. Qué idea tan fuerte, pero al mismo tiempo tan común. Todas estamos familiarizadas con el sentimiento de no poder más al punto de estallar en lágrimas la noche antes de un examen. Y claro, aunque eso se puede entender como una crisis, hay un lado mucho más profundo a esa palabra. Algo que le ocurre a la gran mayoría en algún momento de su vida. He tenido mi buen número de experiencias con lo que refiere a las “crisis”. Ese momento en el que tu cuerpo se rinde, tu cerebro deja de funcionar y sientes que tu vida como la conoces ha terminado. Que nadie te va a poder arreglar. Has caído en un hueco del que nunca más vas a poder salir. 

Vivimos en un mundo a alta velocidad. Todo corre. Tenemos que aplicar al colegio años antes para asegurar un plazo, y una vez dentro hay que tener invitaciones todos los fines de semana para hacer amigas. Cumplir con las tareas, probar todos los deportes, competir en ellos, ganar, tocar un instrumento, participar en ayuda social, no te olvides que todo lo que hagas ahorita entra en tu currículum para la universidad. Siempre se puede mejorar, toda nota que no sea un 20 se puede subir ¿Ya tienes 20? Mucha gente tiene veintes, sé capitana de un equipo, eso sí te va a distinguir de los demás. NO hay tiempo que perder. Viaja, escribe, lee, debate. Todo lo que te ayude a entrar a una buena universidad, ¡pero no comas de más! ¿Qué haces? Tienes que hacer tiempo para ir al gimnasio, sino, ¿cómo planeas entrar en el vestido para la fiesta? ¿Y a quién vas a invitar? Tienes que salir más los fines de semana, conocer gente, hacerte notar. 

Siempre hay más por hacer, más por recorrer, más que cumplir para el futuro. Las expectativas están por el cielo; tanto las nuestras como las de los demás. Hay tanto por hacer, tanta posibilidad, y nosotras tenemos tanta suerte que no puede ser posible no aprovecharlo todo. Nos obligamos a operar a una velocidad insostenible, y aunque todo vaya bien al comienzo, siempre llega el momento en el que nuestro cerebro decide salvarse del inevitable colapso y jala el freno de mano. Boom. Crisis. Y el mundo se vino abajo.  

De pronto ya no te puedes parar ni para ir al colegio. Tus notas caen. Faltas a todas las actividades. Ya no te puedes concentrar. Ya ni quieres hacerlo ¿Qué pasó?, ¿te volviste tonta?, ¿por qué tan floja?, ¿será que en verdad nunca fui suficiente? ¡No! Tu cerebro se apagó para obligarte a frenar; pero la presión no se va. Hay que entender que usar el freno no significa que no puedas manejar, pero que eres lo suficientemente consciente para darse cuenta que te estás saliendo de control. 

Por mucho que no quieras creerlo era necesario caer. La crisis es una indicación de que estás manejando a velocidades peligrosas. Es tu cerebro diciendo que algo está mal, y que es necesario arreglarlo para poder continuar en la carrera. Algunas vamos a necesitar más ayuda que otras para salir de ese hueco. Ayuda de tu familia, de profesionales o de medicación. A muchas les costará mucho salir, a otras menos, pero ninguna volverá a ser igual. Y eso está bien. 

El camino es terrible. Duele admitir que algo estaba mal. Duele aún más arreglarlo. Pero es importante aceptar el proceso. El largo camino hacia encontrarse. Hacia aprender a sentir. Aprender a escucharse. Aprender a crecer sin miedo y entender que el cambio es necesario para la evolución. El camino es arduo, pero el aprendizaje es infinito. 

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