¿Por qué somos tan buenos jugando a las escondidas?

Nadie que esté leyendo esto ahora, es ajeno a la suerte que tiene. Menos, en una coyuntura como esta, donde nos volvemos más agradecidos de poder estar arropados bajos sus privilegiados brazos. Sin embargo, a veces no es suficiente con no olvidar que la tenemos y en cambio, debemos desempolvar la verdadera esencia de su significado. 

Frecuentemente, utilizamos la metáfora de vivir en una burbuja para ilustrar a esta suerte y aunque esta funciona bien para retratar el aislamiento que nos da, no es tan hábil representando toda la protección que también nos otorga. Para empezar, no es una protección frágil que pueda explotar con el mínimo aliento o roce de realidad. Es una protección de acero que permite nuestra exclusión en la política al hacernos inmune a los golpes. Nos regala la oportunidad de aparecer en el guión sin tener que ser afectados por las desgracias de la trama; nos ofrece cuidados solo propios de padres recelosos y nos brinda un escondite cómodo, en el que la política jamás nos va a encontrar. 

Sin embargo, lo peligroso es, que llega un momento donde alguna vez haber vivido bajo esta situación privilegiada no es suficiente razón, para seguir viviéndola en el futuro. Supongo, que en términos más simples, esto se traduce a que nadie, absolutamente nadie, te puede garantizar que esta suerte y vida privilegiada te van a seguir toda tu vida. La suerte nunca ha sido de patas largas. Pero nunca pensamos en esto, porque el presente es un sillón de terciopelo del cual nunca planeamos pararnos y dejar atrás y menos, para ser parte de un juego con alguien tan engañoso, que no aguanta contar hasta veinte sin abrir los ojos. Por eso, estamos tan cómodos que no nos interesa participar y tratamos de hacer cambios desde afuera cuando dentro nuestro sabemos, que todo empieza en el interior. El problema de esta inactividad es que muchas veces brota arrepentimientos, que se impregnan para siempre en nuestras conciencias. 

Entonces, la pregunta se convierte en ¿Cuándo va a ser el día que abandonemos nuestros escondites y finalmente gritemos “me salvo y salvo a todos mis compañeros”?

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