17:53, la hora dorada

Si has sido curioso en la vida y, tu sentido de aprender y amar está latente en tu rutina diaria, verás que a las 17:53 el sol nos regala una parte de él. Generoso y majestuoso, entra a tu casa, besa los pisos de madera, los encera y les devuelve el brillo que perdieron con los años de suelas pasaderas. Los objetos cobran luz y una vida inusual e inexistente sin embargo presente ante tus ojos. No sé cómo explicarlo, son 20 minutos en los que los problemas se evaporan y huyen ante la pureza de la luz. No hay luz como aquella, tan sutil, angelical, desinteresada. Y no hay ser más inconsciente de su hermosura y luz.

Golden Hour, Aranza del Alcázar

Durante estos minutos estamos más cerca al sol de lo que nos imaginamos; puedes sentirlo en tu piel y verla enmelarse con las gotas doradas del sol. Las sombras son estridentes, severas, y necesarias para apreciar la falta de claridad en nuestra vida. 

Esta luz es deliciosa, suculenta, empalagosa, más dulce que las tiernas sonrisas de los niños.

Los muebles aburridos, cantan. Enamoran.  

A esta hora camino en puntitas para no espantarla, y como en un juego tedioso intento atraparla y capturarla, con fe en que eventualmente sea todo lo que veré. Únicamente bajo estos rayos es que vemos  con otros ojos, cómo debería ser eternamente; el mundo es sincero. Sin filtros, sin distorsiones y sin prejuicios, todo se embellece y se enloquece. Recién nos damos cuenta de las obras de arte que caminan y existen en nuestra vecindad. Cada alma tiene una manera de absorber la luz y reflejarla, completamente suya. Los ojos resaltan, los cabellos relucen, la piel tintinea. 

Soy adicta. Me embriaga. Me pasaría el día frente a mi libreta, tratando de poner en palabras este ambiente. Creando hipótesis y rastreando la fuente. Y así, sin pensarlo ya son las 5:53, otra vez, nunca dura ni envejece.

Luego se va a esconderse entre las nubes, partiendo de este hemisferio y tus paredes vuelven a su permanente estado de frescura, aburrimiento y blancura. Te deja con el recuerdo de lo que fue y con la esperanza de lo que será mañana. 

Si algún día esta luz durará todo el día, temo que enloquecería. Porque ese color incansable y radiante, es entrañable. No me movería para así poder verla reflejada en toda mi casa y todo mi ser. 

Por eso de lo bueno poco, sino nos volviéramos locos.

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