Un nuevo año

“¿Qué es Año Nuevo?” me preguntó N. Ahora que las horas llueven enérgicamente y los cielos finalmente se deshacen de aquellas pesadas nubes grises limeñas y cada vez la cantidad de días hasta el glorioso 2020 disminuye, comienzo a analizar qué va a significar para mí marchar y escabullirme hacia un nuevo año y dejar en la esquina otro más.


El hecho de que a las 6 de la mañana los pajarillos trinen y yo pueda tomar mi desayuno con nada menos que la luz natural del final de noviembre, me da placer. Me regresa a las pacíficas tardes donde puedo ver el sol desde la distancia y escucho esos villancicos alegres y pegajosos de los Niños Cantores; así sé que Navidad y Año Nuevo no tardarán en llegar. Nuevamente no puedo creer que once meses hayan pasado inadvertidos y estos recuerdos merecedores de ser canonizados en esferas de cristal serán etiquetados como un alegre 2019 y luego en años miraré mis fotos y tendré que retroceder en las memorias para encontrar a estos que consideraba tan cerca a mí.


Año Nuevo no es una meta visible que te hace ojitos y chilla, “¡ya terminamos, solo unos pasos más!” Es más como una metáfora capciosa y amarilla, un sentimiento sobre todo. Es un momento en el que puedo salir de la pequeñez de mi cuerpo y visualizar el camino de mi vida desde otra perspectiva. Por ese instante se me permite frenar en seco y mirar a las estrellas cegadoras. Me recuesto en una poltrona y escucho la gloria del mar y sus tiernos silbidos, los vientos veraniegos que aún contienen rasgos de la primavera me rozan y la arena áspera en mis pies me fastidia al caminar. Comienzo a pensar en todas las risas que compartí, las miradas llenas de amor que agradecí y las tonterías con las que crecí. Aprecio las oportunidades que los días del año me otorgaron y me enorgullezco de haberme arriesgado y ahora estar un paso más cerca hacia mi meta, de estar un corazón roto más cerca del amor y de estar una equivocación menos de la amiga que quiero ser. Luego mis pensamientos se escapan hacia las cosas que aún no logré o fallé en intentar, pero no dejes que tus pensamientos se sumerjan en las profundidades de esta área tramposa o terminarán inundándote de melancolía y vergüenza. Apunto estos pendientes en mi cerebro y prometo seguir intentando conquistar estas tareas.


Un nuevo año es un recordatorio del tiempo que pasa veloz y susurrando te dice dos cosas. La primera es, “deja de horrorizarte, el tiempo pasa y no vale la pena esperar a que un día las cosas se den como esperas. Desafía tu día y anda a hacer eso que siempre anhelas.” La segunda es: “ estoy orgulloso de haberte visto humillarte y lanzarte a los leones para defender tus convicciones y deseos, y amé como saliste más fuerte cuando te golpearon a muerte”. Pero, no te preocupes porque nadie espera que cambies el mundo en un año. Nuestra vida está formada de filas de diminutos pasos, solo no te los saltes o esperes moverte en automático. Ahora, en este Año Nuevo piensa si es que sonríes cuando piensas en quién eres al dar las 12:00, y si eres feliz con las personas que te abrazarán. Si no, con calma comienza a buscar y explorar quién eres y lo que quieres, y estarás tú y millones acompañándote en el camino hacia la vanguardia.

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