Desvanecimiento

Escribí esto porque creo que algunas personas se podrán reconocer en él, con desorden alimenticio o no. Porque creo, quizás ingenuamente, que las personas que lo lean podrán estar dispuestos a cambiar su propio comportamiento, obtener ayuda si la necesitan, y entretener la noción de que sus cuerpos son aceptables, que ellos mismos no son ni insuficientes ni un exceso. Lo escribí porque no estoy de acuerdo con gran parte de lo que generalmente se cree acerca de los trastornos de la alimentación, y quería poner mis dos centavos, para lo que valga. Lo escribí porque la gente a menudo descarta los trastornos alimentarios como manifestaciones de vanidad, inmadurez, locura. De alguna manera, es todas estas cosas. Pero también es una adicción. Es una respuesta, aunque bastante retorcida, a una cultura, a una familia, a un yo.

Fue así de simple, un minuto era la niña perfecta de 13 años, shorts y polos pegados, trenzas largas, sentada en la cocina, comiendo mis galletas favoritas.

El siguiente minuto estaba corriendo rápidamente hacia el baño, recogiendo mi pelo y metiendo mis dos dedos a mi garganta, vomitando hasta que saliera solo sangre. Al volver a la sala, vestida con mis polos anchos y mi buso para que no se me vea la gordura, llegaba sintiendo un aire frío y viendo negro, me sentaba y botaba la comida hacia el piso, mirándome en el espejo sin parar de llorar.

Cómo empezó tu desorden alimenticio? Años después me preguntan. Siempre respondí esa pregunta con un ‘si supiera’, pero ahora que me pongo a pensar fue simplemente para ver hasta dónde llegaría, de curiosidad, pero por supuesto, esta mató al gato.


No me chocó hasta el día siguiente en el colegio, a la hora de almuerzo, sentada en un círculo peculiar, es decir que en un círculo de 20 amigas donde todas se dividían en grupos y todos los ojos se dirigían hacia mí, mientras yo no comía ni un arroz. Prefería responder, “no tengo hambre” a que “prefiero no comer que vomitar sangre”. Ya que si comia tenia que vomitarlo.

Caminando hacia el baño por un mundo maravilloso donde comer es codicioso, las paredes están llenas de espejo, donde morir es un honor, y el músculo es el débil. Es tan fácil ir hacia allá, pero no tan sencillo volver.

Es en esos momentos me decía a mí misma: no vayas hacia ya, que el monstruo te va agarrar y te va atar hasta que te mueras y todo se derrumbara. Pero ahora, me doy cuenta que desafortunadamente era yo el monstruo que me agarraba y me mataba, era mi delgada gemela malvada, o mi doble imagen la cual me susurraba “No comas, no te voy a dejar comer, te dejaré ir tan pronto cuando estés delgada, te juro que lo haré. Todo estará bien cuando estés

Delgada.”

Mentirosa, nunca me dejo ir, y nunca podré estar libre.

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